Katmandú llora monzón

En Nepal se conduce por la izquierda, dice la teoría. Sin embargo, muchos de sus habitantes decidieron ser más prácticos.

Niños. Katmandú, 2016. Fuente: www.ritapouso.com

Niños. Katmandú, 2016. Fuente: www.ritapouso.com

La lluvia monzónica me recibió en el Aeropuerto Internacional Tribhuvan de Katmandú. De allí hasta casa me dejé llevar. 3 mochilas, 2 personas, 1 moto, agua, chubasquero y la reinante impaciencia. La vi personificada en cláxones procedentes de multitud de vehículos de dos, tres y cuatro ruedas. La carretera en Katmandú es toda una amalgama de timbres y tonos, una peculiar orquesta nepalí.

A la lluvia le da igual todo y no le importa nada. No entiende de telas, culturas, operaciones estéticas, religiones, kilos, canas, colores, ceros en el banco, países, paisajes, venganzas, inteligencia o ignorancia. La lluvia cae. Se deja llevar. La trasladan hombros, cabezas, paraguas, parabrisas, cascos y, también, “perros e hijos de perra” (Pérez-Reverte, 2014). De ahí, quizás, que esta no distinción del ser humano provea a los habitantes del monzón de una paciencia inigualable a la hora de convivir, de junio a septiembre, con los lloros de Katmandú.

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1 comentario

  1. Pipa

    Me encanta que vuelvas a la acción. Hacia mucho tiempo que te esperaba. Te echaba de menos.

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