Digas lo que digas, quítame las telas que me impiden poros compartir.
Digas lo que digas, quítame las telas que me impiden poros compartir.
Mi abuelo. Eres el hombre de mi vida, el que durante mi crecimiento ha desempeñado todos los roles que han vertebrado la evolución de mis genes. Has sido, eres y serás siempre la figura masculina imprescindible en mi vida. El taxista que más carreras ha hecho para llevarme al colegio y recogerme; el cocinero con más estrellas Michelin entre las paredes de nuestro hogar; el sherpa de mis mochilas repletas de libros y de mi guitarra; el guía de los viajes de Barcelona-Vigo en tren, coche o barco; el humorista de los chistes más repetidos de la historia; el cantante que más conciertos ha dado entre fogones y después del carajillo; el padre con “los hijos más guapos del mundo”; el abuelo con “los nietos más guapos del mundo” y el bisabuelo con “los bisnietos más guapos del mundo”.
Se ahorró la naturaleza la creación de otro ser humano para incluir mi figura de padre y abuelo en un solo cuerpecito. Y vaya ser. Tú no puedes ser humano, tú eres un superhéroe.
Dime tú que no hubo amor en los besos que te di.
Dime tú que no sentiste la envoltura de mi piel, la que me arranqué para protegerte de las hienas.
Dime tú que no viste el corazón en mis pupilas, cuando me quedé sin voz por quererte doliendo.
Dime tú que no quise la mejor versión de lo que fuimos y que me conformé con medias mitades.
Dime tú que no te he dado todo lo que tenía, a pesar de no poder otorgarte mis huesos.
Dime tú que no te he abrazado sin dejar mis suspiros en tu alma.
Cuatro. Cuatro hombres. Cuatro hombres en un mes. Cuatro hombres en un mes acosándome.
El primero, el vecino. Con cartas por debajo de la puerta. Bonjour tu est tres belle envoie moi un sms au XX-XX-XX-XX-XX ou alors passe me voir chambre XXX. Quiso resolver su agresividad con una segunda carta: Salut, comment tu t’appelles? Et quel âge as-tu? Est-ce que nous pouvons faire connaissance? Si oui envoie moi un sms au XX-XX-XX-XX-XX ou alors viens me voir chambre XXX (la chambre à droite de la tienne). Bisous. PS: Tu es très charmante comme femme tu as l’air d’être une femme très douce. En español: quiero echar un polvo, pásate por mi habitación. A eso le sumó el picarme varias veces a la puerta aun no habiendo recibido respuesta. No quiso ver que si no hay sí, significa no. Solo el sí es sí. También llamó por teléfono a un colega suyo, gritando, delante de mi puerta para que yo oyera lo que decía de mí. Aún encima he tenido que ser agradable con él, darle la mano, agradecerle su “interés” por conocerme y presentarme porque sabe donde vivo.
Mi mente, sentada en el sofá, devora continentes y recorre países. Se imagina Estambul, muy brillante, e Irán, extenso. Incluso de ella ha nacido la idea de unirlos a pie. Pero esa América, la más latina, tan capaz de comprender el sentido de una coma, un punto y una metáfora, me llama al ritmo de cumbias, rancheras y samba. Hay, sin embargo, un Atlántico que nos separa y que me bebería con tal de pisar ese sur, tan norte como el de arriba.
Nacemos, crecemos y morimos. Es en el crecer donde prestamos más atención pues pasamos a ser dueños de nuestra conciencia y dejamos de ser guiados por otros, llámense abuelos, madres o tíos.
Hace tiempo que no le quiero. Occidente me escupió en la cara.
Te fuiste no físicamente. O lo que es lo mismo, estás sin estar. Desde el momento en el que escupiste la primera mentira se esculpió un muro fronterizo entre tú y yo. ¿Se puede mentir mirando a los ojos? Sí. Una ocasión ejemplar para añadir algo nuevo a mi lista de aprendizaje diario.
Y esa mentira, esa p*** mentira, me ha llevado a la reflexión. ¿Por qué miente el mentiroso?
En Nepal se conduce por la izquierda, dice la teoría. Sin embargo, muchos de sus habitantes decidieron ser más prácticos.
Te observan las olas, con rabia. Desea su sal besar tus poros y sudar a través de tu piel. No puede. Se rinde.
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