La mañana. La silla del comedor delante del televisor y, la niña, sentada en ella. Mi abuela, de pie. La coleta arriba y tirante. El coletero da de sí. “Abuela, más tirante”.
El mediodía. La mantequilla deshecha en la patata hervida chafada con el tenedor. La leche se vierte despacito en el agujero del medio, simulando un volcán. “La comida está lista. Dile a la niña que se siente a comer”.
La tarde. Sentada en el sofá, mi abuela. Sus manos ocupadas haciendo ganchillo, o pelando habas, o poniendo la piel de las mandarinas encima del radiador, o enhebrando una aguja. “Cariño, ayúdame que no veo”.
La noche. Yo, sentada frente al ordenador. Colada blanca en el tendedero. La lluvia fuera. Escribo versos sobre el arte de perderte hace más de 20 años y recordarte cada día.
Minerva
Que bonito!! Que real!! Que verdad!! Que nostalgia!!